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De niña, las clientes de mi madre siempre me preguntaban si yo algún día sería esteticista como ella y yo negaba con rotundidad porque tenía claro que jamás trabajaría en el mundo de la estética. Y, aunque en su día pensé en dedicarme a la comunicación política, aquí estoy varias décadas más tarde escribiendo sobre belleza.

Los recuerdos de mi infancia van ligados a los de un salón de belleza. Antes de que existiese la depilación láser, yo jugaba con mis primas a cocer las pepitas de la cera en cacerolas. La colábamos para luego contemplar hipnotizadas como una de mis tías la aplicaba con espátula sin derramar una sola gota. También recuerdo ponerme sobre la cara las mascarillas de colágeno rosa, que luego me quitaba como si fuese Diana de la serie de televisión V. O la vez que quedé fascinada por unos glosses con espejito de Babor, que robé del armario del maquillaje, y que atesoré como oro en paño hasta que mi madre me pilló con las manos en la masa.

Aunque con el paso de los años me convertí en la envidia de mis amigas, porque mi madre era esteticista, seguía renegando. Hubiese preferido que fuera profesora, porque así podría ayudarme con los deberes. Además, en verano, era un fastidio ir a la playa toda embadurnada de protector solar, a modo de plasta blanca para no quemarse o el calvario que suponía la hora del baño. Aquellas «frotadas» que nos pegaba con la esponja Activel, para luego dejarnos a mí y a mis santos hermanos (sí, Luis tampoco se libraba) brillantes cual culturistas con la «mágica» crema de colágeno, que venía en un bote de más de un kilo y parecía no terminarse nunca. Con lo años, caería en mis manos la codiciada Diamond de cuerpo de Natura Bissé, cuya textura y olor a lavanda me recordaba a aquel famoso colágeno. Lo que daría hoy porque a diario, alguien me diese gratis, y con tanto mimo, una de esas frotadas acompañada de un masaje vigorizante.

Como todas las hijas, al final, he aprendido que las madres siempre tienen razón. Después de casi una década escribiendo sobre belleza, tras entrevistar a algunos de los mejores dermatólogos y a un sinfín de celebrities, sé que los mejores consejos me los dio hace muchos años mi madre: límpiate bien la cara y usa siempre protección solar.

En este nuevo blog que hoy inauguro quiero compartir contigo mis mejores consejos de belleza, esas recomendaciones que siempre funcionan y dar respuesta a tus posibles dudas. ¡Sígueme!

Mamá, va por ti.

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