En el cuarto episodio de Mujeres que corren vamos a analizar esos otros obstáculos que las mujeres nos encontramos a la hora de correr. También vamos a ver por qué hay un problema en que nos hayan vendido durante décadas el ejercicio como una estrategia para «dar la talla».
Ya a mediados del siglo XX, mientras la industria del fitness estaba aún arrancando, el negocio de las dietas estaba más que consolidado. Había básculas en cada casa y las revistas animaban a niñas y mujeres a controlar su peso y medidas. También por esa época, y desde después de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchas mujeres hicieron trabajos «masculinos» para sustituir a los hombres llamados a filas, había una paranoia con que las mujeres eran cada vez menos femeninas.
Incluso ahora, como escribe Louise Foxcroft en su libro Calories and corsets: “Muchas de nosotras vivimos bajo la tiranía de una forma corporal prescrita culturalmente donde la dieta es la norma y un cuerpo delgado es el objetivo”. El ejercicio físico se sigue asociando, sobre todo, a la pérdida de peso, y la salud y el estado físico se vinculan directamente con la talla del pantalón. Sin embargo, otros biomarcadores de salud mucho más relevantes se ignoran completamente. Como corrobora la ciencia, estar obeso hoy es un estigma.
En el Instituto de belleza de mi madre y mi tía Esther instalaron una máquina de “gimnasia pasiva”. te ejercitabas tumbada y sin hacer nada. No triunfó y desapareció al poco tiempo. Cada X tiempo alguien resucita ideas parecidas…
Esta foto estuvo pegada en mi carpeta: la icónica campaña de otoño de Gianni Versace de 1994. Richard Avedon fotografió como colegialas sexis a Nadja, Christy, Claudia, Cindy y Stephanie. No hace falta decir sus apellidos porque marcaron el estándar de belleza de toda una generación.
<



